Durante gran parte de la historia de la humanidad, fuimos cazadores y recolectores. Y luego, hace cerca de 10,000 años, comenzamos a domesticar plantas y animales como una forma de tener un suministro alimenticio accesible y predecible. De muchas maneras, el nacimiento de la agricultura se puede definir como el momento en que dejamos de cazar nuestro alimento y comenzamos a sembrarlo.

Si bien los humanos han revolucionado la agricultura, la agricultura ha cambiado a la civilización humana. En su mayoría, estos cambios han sido buenos, pero al entrar en una nueva era de la historia del hombre, la agricultura enfrenta nuevos retos y responsabilidades.


Los orígenes de la agricultura

Sin una máquina del tiempo, es imposible saber la fecha exacta en la que el primer ser humano tuvo una semilla en su mano y pensó: "Si siembro esto en el suelo, sabré exactamente dónde encontrar comida dentro de unos meses".

Lo que sí sabemos es que en algún momento cerca del año 8,500 AC, los humanos en el Creciente Fértil (una zona que se extiende a lo largo de lo que hoy día es Egipto, Israel, Turquía e Iraq), comenzaron a sembrar granos en lugar de cosecharlos silvestres.

Para el 7,000 AC, comenzaron también a domesticar animales tales como ovejas, cerdos y cabras. Mil años después domesticaron el ganado.

Antes de la llegada de la agricultura, los humanos eran nómadas, viajaban constantemente en busca de animales salvajes y granos silvestres. Con el aumento de la agricultura, como fuente de alimento centralizada y predecible, tenían un incentivo para quedarse. Empezaron a formar ciudades.

De esta manera, la agricultura empezó a cambiar no sólo la dieta humana, sino también la civilización humana.

 

 

Avance gradual

En los siguientes 8,500 años, la agricultura evolucionó con lentitud. A través de ensayo y error, los agricultores en todo el mundo empezaron a mejorar genéticamente las plantas.

Notaron naturalmente que no todas las plantas dentro de una especie eran iguales. Algunas crecían más, tenían mejor sabor o eran más fáciles de moler para hacer harina. Empezaron a guardar semillas de las mejores plantas y sembrarlas para la cosecha del próximo año.

Por cientos de generaciones, esto condujo a la transformación de plantas silvestres en las verduras y granos más grandes y sabrosos que conocemos hoy día.

Durante la Edad de Bronce y la Edad de Hierro, las herramientas de piedra y de madera se reemplazaron con herramientas de metal más eficientes. Sin embargo, la agricultura continuó siendo una actividad intensa y laboriosa que ocupaba mucho tiempo y que incluía a cerca del 80 por ciento de la población mundial.

La revolución agrícola

De 800 a 1400 D.C., las herramientas agrícolas permanecieron sin cambio alguno. Los primeros colonos en América del Norte usaban arados que no eran diferentes ni mejores a los que se usaban durante el Imperio Romano.

Durante los siglos 18 y 19, la innovación agrícola se disparó. El diseño del arado mejoró y un inglés de nombre Jethro Tull inventó la primera máquina de sembrar del mundo, un aparato que permitía sembrar las semillas en hileras rectas y ordenadas. Poco tiempo después siguió el equipo mecánico para cosechar tirado por caballos, como la segadora de Cyrus McCormick.

Los agricultores ahora podían sembrar y cosechar en una fracción del tiempo que les tomaba antes. La productividad de la agricultura se disparó.

La industrialización

Durante el siglo 20, las máquinas operadas con gasolina comenzaron a reemplazar al equipo tradicional tirado por caballos. Esto, combinado con los adelantos en la tecnología de fertilizantes y pesticidas después de la Segunda Guerra Mundial, permitió otro salto en la productividad de la agricultura.

La nueva eficiencia tecnológica significaba que los agricultores podían administrar más terrenos. Con el tiempo, esto produjo menos pero mayores granjas. Para los países desarrollados, también llevó a un cambio en la fuerza laboral. En los Estados Unidos, por ejemplo, el porcentaje de la fuerza trabajadora dedicada a la agricultura se redujo del 40% (en 1900), a solo 2% (en 2000).

Como menos personas vivían en las granjas, fue fácil olvidarse de cómo se producían, procesaban y enviaban los cultivos. En los países más desarrollados, el alimento se convirtió en un artículo disponible y al alcance del bolsillo que venía "de otra parte".

La post industrialización

Entre 1900 y 2012, la población mundial creció de 1,600 millones a más de 7 mil millones. En 1700, sólo el 7% de la superficie del terreno se usaba para la agricultura. Hoy día, es más del 40% y sólo una porción del terreno que queda es apto para el cultivo.

Obviamente, la agricultura está en una encrucijada. El mundo necesita producir más alimentos que nunca antes, mientras conservamos los limitados recursos que tenemos disponibles. Hacia dónde nos dirigimos ahora requerirá el ingenio y la cooperación de agricultores, compañías, gobiernos, universidades y ciudadanos por igual.