El suelo: prácticas sostenibles para el cuidado de un recurso crítico

Ante la necesidad de cuidar y gestionar los suelos, y en un esfuerzo por concientizar y promover un uso más sostenible, las Naciones Unidas declararon el 2015 como el Año Internacional de los Suelos. Más allá de ser la capa superior de la corteza terrestre y aquella que sostiene nuestra vida en el planeta, las funciones del suelo son diversas, tanto desde el punto de vista socio - económico y cultural, como desde su función central en los ecosistemas. Así, los suelos albergan al menos una cuarta parte de la biodiversidad del mundo, son la base de la producción de alimentos, madera y fibras y son esenciales en los ciclos de agua y nutrientes. Para poder conservar este recurso crítico, es importante reconocer que el desgaste de los suelos es una problemática tan seria como poco visible.

De acuerdo al reciente documento de FAO sobre el estado de los recursos de tierras y aguas del mundo para la alimentación y la agricultura, “Para que la nutrición mejore y la inseguridad alimentaria y la subnutrición retrocedan, la producción agrícola en el futuro tendrá que aumentar más rápidamente que el crecimiento de la población. Ello deberá tener lugar en gran medida en las tierras agrícolas existentes. Por consiguiente, las mejoras tendrán que proceder de la intensificación sostenible, que hace un uso eficaz de los recursos de la tierra y el agua, sin causarles perjuicios.” (Ver más>>)

También según la FAO, actualmente un 33 por ciento de los recursos mundiales de suelos se encuentran degradados. Y, a menos que se adopten nuevos enfoques, en 2050 la superficie mundial de tierra cultivable y productiva por persona equivaldrá a sólo una cuarta parte del nivel de 1960. La situación se agrava si pensamos en que cada centímetro de suelo puede tardar hasta 1000 años en formarse.

"Nuestros suelos constituyen el pilar de la economía nacional y la base de una agricultura que motoriza el desarrollo regional y local y que nos proyecta al mundo en un rol cada vez más estratégico como productores de alimentos y energía" Roberto Casas, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales del INTA. (Ver más>>)

De cara al desafío de los próximos años será necesario incrementar la productividad agropecuaria para satisfacer la demanda alimentaria de una población en crecimiento, atendiendo a la vez los problemas de degradación y contaminación de los suelos y el agua, en un contexto donde el cambio climático agudiza el reto. Pero estas no son las únicas amenazas: la creciente presión de uso y los cambios en el uso de la tierra, así como el agotamiento de nutrientes también son factores a considerar.

Buenas prácticas para el cuidado del suelo

Las funciones de los suelos pueden ser afectadas por procesos de degradación reversible o irreversible, que deben ser encarados con enfoques de manejo diferentes. La degradación irreversible de los suelos por erosión eólica o hídrica es la de mayor peligro, ya que afecta la estructura misma del suelo. Los procesos reversibles (como las deficiencias en elementos como el nitrógeno, fósforo y azufre) pueden volverse graves si no son correctamente manejados.

Las BPA son acciones sobre los suelos destinadas a lograr un manejo sustentable del recurso, con el objetivo de conservar, restaurar y promover las funciones del suelo.

La labranza excesiva y la adopción de cultivos pobres en rastrojo, entre otros factores, pueden provocar degradación física irreversible como el encostramiento, la densificación o compactación. Prácticas adecuadas como siembra directa en combinación con rotaciones adecuadas (cultivos y coberturas) pueden facilitar la reversibilidad y la mitigación de estos procesos degradativos del suelo (Fuente: Taboada, 2014). Todas estas prácticas son parte de las denominadas Buenas Prácticas Agrícolas o BPA.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de BPA, y en particular, de buenas prácticas aplicadas al manejo de suelos? Se trata de aquellas acciones ejercidas sobre los suelos destinadas a lograr un manejo sustentable del recurso, con el objetivo de conservar, restaurar y promover las funciones del suelo.

El Manual de Aapresid (Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa) señala que las BPA constituyen una herramienta cuyo uso persigue la sustentabilidad ambiental, económica y social de los sistemas productivos agropecuarios, lo cual debe traducirse en la obtención de productos más seguros y saludables; en un marco de minimización del impacto ambiental.

Las BPA incluyen: la siembra directa, la rotación de cultivos, el manejo integrado de plagas y malezas y el manejo racional de la nutrición vegetal y la fertilización edáfica, entre otras.

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Fuentes: